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¿Qué sabemos sobre la disfemia? Mitos y actualidad.

La disfemia, también conocida como tartamudez, es un trastorno de la fluidez del habla que se caracteriza por una expresión verbal interrumpida de forma involuntaria que se acompaña de tensión muscular en cara y cuello, miedo y estrés.

Después de siglos de confusión, investigadores han relacionado la disfemia con genes y alteraciones en el cerebro. Con anterioridad, se atribuía la disfemia a ansiedad, traumas, defectos orgánicos de la laringe y la lengua o incluso en la forma de crianza. En los últimos años, las continuas investigaciones han hecho más evidente que la tartamudez está en el cerebro.

Aunque hay mucho que descubrir, los neurocientíficos han observado diferencias en los cerebros de las personas que tienen disfemia. Los genetistas están identificando variaciones en ciertos genes que predisponen a una persona a tener disfluencias. Recientemente, se han hecho evidentes sus vínculos con la anatomía del cerebro. Estos hallazgos insinúan que la disfemia podría ser el resultado de leves retrasos en la comunicación entre las partes del cerebro.

A pesar de los avance, la disfemia sigue rodeada de numerosos mitos que pueden dificultar tanto su comprensión como su tratamiento. Por ello, vamos a  desmontar 5 de los mitos más frecuentes y explicaremos cuándo es el momento de acudir a un especialista.

❌ Mito 1: «La disfemia es debida a los nervios o a la ansiedad»

✅ Realidad: La disfemia es un trastorno del neurodesarrollo con una importante base genética y neurobiológica. La ansiedad no la provoca, aunque determinadas situaciones de mayor carga emocional pueden aumentar las disfluencias.

❌ Mito 2: «La disfemia es un problema psicológico»

✅ Realidad: No se trata de un trastorno psicológico. Actualmente sabemos que su origen está relacionado con factores neurológicos y genéticos. Las dificultades emocionales que pueden aparecer, como la ansiedad al hablar o la baja autoestima, suelen ser una consecuencia, no su causa.

❌ Mito 3: «La persona tartamudea porque habla demasiado rápido»

✅ Realidad: Aunque la velocidad del habla puede influir en la fluidez, no es la causa de la disfemia. Muchas personas continúan presentando bloqueos y repeticiones incluso cuando hablan lentamente.

❌ Mito 4: «Si un niño tartamudea, ya se le pasará solo»

✅ Realidad: Algunos niños presentan disfluencias transitorias propias del desarrollo, pero en otros casos, éstas persisten. Por ello, una valoración temprana por un logopeda es fundamental para identificar los factores de riesgo e iniciar una intervención precoz cuando sea necesario, evitando la aparición de conductas secundarias como muletillas, evitación de palabras o miedo a hablar.

❌ Mito 5: «La terapia busca que la persona nunca vuelva a tartamudear»

✅ Realidad: El objetivo actual de la terapia no consiste en eliminar todas las disfluencias sino en dar estrategias para saber manejarlas. Lo realmente importante es conseguir una comunicación eficaz, reducir el esfuerzo y el impacto emocional, aumentar la confianza al hablar y favorecer la participación en todos los ámbitos de la vida.

¿Cuándo acudir a un logopeda?

Es recomendable solicitar una valoración por un logopeda cuando aparezcan alguno de estos signos de alarma:

  • Han transcurrido más de tres meses desde el inicio de las disfluencias y estas continúan presentes.
  • Se observan bloqueos, tensión o esfuerzo al hablar (disfluencias motoras).
  • Aparecen conductas secundarias, como movimientos asociados, muletillas, evitación de palabras o miedo a determinadas situaciones comunicativas.